lunes, 12 de enero de 2009

Descubriendo a Richard Ford


Estas Navidades me he agenciado (y he hecho que me agenciaran) la trilogía escrita por Richar Ford en torno a Frank Bascombe. No la he completado, pero de momento me está entusiasmando.

Uno de los lugares comunes más equivocados acerca de Richard Ford es que es un "insuperable retratista del americano medio", un creador de "un personaje tan próximo como nuestros vecinos". Lo cierto es que la riqueza emocional de Frank Bascombe está muy alejada no sólo del americano medio, sino de cualquier ciudadano medio de planeta. La claridad con que Bascombe percibe su entorno, la capacidad de detalle a la hora de describir paisajes, la manera en que las revelaciones lo visitan, les han sido dadas a muy pocos. Graham Greene decía que no era bueno para la botánica y cuando debía describir un árbol o una planta, a veces se iba al máximo común denominador y escribía "a lo lejos se veían varios árboles". En Ford no hay generalizaciones; hay rododendros, hay azaleas...

En los veinte años que van de la publicación de El periodista deportivo a Acción de Gracias, Bascombe deja atrás la crisis de la edad madura y se asoma a los sobresaltos de la vejez temprana; se ha vuelto a casar, ha renunciado a su querido trabajo de periodista deportivo y se convertido en agente inmobiliario, tiene problemas con uno de sus hijos adolescentes, una enfermedad le ha hecho descubrir que es mortal. Sí, puede entenderse como la vida de un norteamericano promedio, excepto por la manera en que Bascombe es capaz de verse desde afuera y entenderse.

Otro lugar común: "La ficción de Ford está casi totalmente despojada de abstracciones, de flechas que apuntan a los significados o a las conclusiones que deben ser extraídas. Ford nos entrega con absoluta precisión la textura de la experiencia, no las lecciones aprendidas..." Eso lo escribió alguna vez Paul Gray, crítico de la revista Time. Los cuentos de Ford, sin embargo, están llenos de lecciones aprendidas, momentos en los que el protagonista comprende, de pronto, algo fundamental acerca de la vida, y hay un antes y un después de ese instante. En cuanto a la trilogía de Bascombe, el periodista deportivo convertido en agente inmobiliario es una fuente constante de revelaciones. Una, al azar: "Y sin embargo, en las últimas semanas, por motivos que no consigo explicarme, ha surgido entre nosotros algo que sólo puedo llamar una extraña incomodidad... es como si los lazos que unen nuestras atenciones y afectos estuvieran cambiando y aflojándose, y ahora nos tocara establecer unos lazos nuevos, para una relación más seria, pero ninguno de los dos hemos demostrado todavía ser capaces de ellos y este fracaso nos deja perplejos".

En las primeras dos novelas de la trilogía, hay una íntima conexión entre la importancia de los hechos narrados y la voz de Bascombe; en la última, la voz parece desprenderse de los hechos y tiene algo de manierista. Todos los acontecimientos se inflan, y Bascombe encuentra portentos no sólo en su enfermedad sino en sus visitas al baño o cualquier conversación con sus vecinos.

Es una novela lenta, me dijo un amigo piadoso; la inmisericorde Michiko Kakutani, crítica principal del New York Times, dijo que se trataba de una novela soporífera (Juan Manuel de Prada coincide con ella en su reseña en ABC). Con todo, quien no quiera perderse algunas de las mejores páginas de la ficción contemporánea, tendrá que poner a Acción de Gracias en su lista de libros imprescindibles. Y quien no ha leído todavía a Ford haría bien en comenzar. Y desear, claro, que no se llegue a destiempo.

Para muestra, un botón: un comentario extirpado de internet, que muestra qué es Ford.
"Lo cierto es que Ford ha escrito el mejor de sus libros, una verdadera joya no solo como broche de oro a su trilogía sino también dentro de lo que es el panorama narrativo yanqui de estos días. Acción de Gracias tiene momentos formidables, como por ejemplo la larga conversación que mantienen Bascombe y su hija en el momento de su intervención médica, como en los tramos que conciernen a la despedida de Sally, como en el encuentro con el patético anciano que resulta ser Wade, como en el arribo de su hijo Paul y su novia Jill. Llega un momento en que la lógica con que el narrador asume su estancia en el mundo invade de tal manera al lector, que las páginas son como una potente luz que enceguece y obliga a largos minutos para permitir recobrarse."

Os dejo la entrada, para que lo leáis también:

http://www.taringa.net/posts/arte/1951461/%5BCultural%5D-Lo-Impredecible---Richard-Ford.html

Tras muchas jornadas ausentes


Imperdonablemente me he permitido a mí mismo demasiado tiempo sin actualizar el blog, cosa que pretendo no repetir, si es posible. A falta de un par de reseñas literarias que colocaré en un par de días, recomiendo un pop-blog que he encontrado recientemente surfeando por la red, y que me ha encantado, la verdad...

http://yourheartstillbreaks.blogspot.com/

Vuelvo enseguida!!

y Feliz 2009!!

martes, 30 de septiembre de 2008

Lyrics



Erika, Annie y Heather comenzaron su aventura en el 2003 en Williamsborough, barrio de arraigada tradición artística y bohemia del NY más palpitante. Desde entonces vienen celebrando la delicadeza y la magia de las melodías bonitas y sencillas, conducidas por un elaborado colchón de sintetizadores e ingenuos beats. Cálidas y orgánicas en las voces, Au Revoir Simone generan atmósferas de electrónica vintage y sutil frescura lo-fi, con personalidad propia. Son fans de clásicos del pop como los Beach Boys o los Zombies, y sus coordenadas musicales las sitúan entre Stereolab, Modest Mouse y The Postal Service .

Au Revoir Simone Lyrics - I couldn't sleep Song

I couldn't sleep; Didn't want comforting; Just company to sleep
And then in dreams we meet

And stay asleep
I awoke feeling restless

Didn't know quite where
I was Though I felt far away and cold
It was so late but my mind was curious
It was quiet, snowing with frosted windows
I had a book but wasn't reading just watching you
Didn't want comforting

Just company, oh be sweet
It could go either way
Based on what they say
I didn't wish to be somewhere else

Your face was comforting to me
I don't remember you smiling
But just the same
I didn't know you
You didn't know what to make of me
It was peaceful that night
A kind of friendship all too serious.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Tears, Idle Tears


Cierto es que llevaba mucho tiempo sin postear nada hasta hoy, pero circunstancias varias han impedido que tenga unos minutos de asueto para pensar con cierta claridad y, sobre todo, tranquilidad. Para más inri, la Señorita Lunes dijo que no postearía nada hasta que yo lo hiciera, con lo que el tiempo ha ido pasando inexorablemente sin que ningun de los dos actualizáramos este blog.

En fin, hace semanas que deseaba dedicar esta poesía de mi gran admirado Lord Alfred Tennyson, poeta gótico-romántico donde los haya, a Lunes, para que entre las lágrimas que en su día sé que derramó encuentre algún sentido, algo de belleza a las mismas. La foto es de Tintern Abbey, lugar que inspiró al poeta para escribir esas líneas.

Aprovecho para recomendar desde aquí la lectura de "Idylls of the King", obra de Tennyson que poéticamente refleja a la perfección el trágico romanticismo del ciclo artúrico creado por Sir Thomas Malory en el siglo XV. Cierto es que Tennyson no se limita a reinterpretar siglos después "La Morte D´Artur", sino que la reescribe desde un prisma acorde con sus tiempos (fines del siglo XIX).


Lágrimas, indolentes lágrimas, no sé qué significan:
Lágrimas que desde lo profundo
De alguna divina desesperación
Se alzan en la esencia del corazón,
y se reúnen en torno a los ojos
Al contemplar los alegres campos de otoño,
Pensando en los días que ya nunca serán.


Frescas como el primer rayo brillante sobre la vela,
Convocando a nuestros amigos del inframundo,

Triste como el último lamento agónico

Que se hunde en el abismo con todo lo que amamos.

Tan tristes, tan frescas, como los días que ya no serán.


Tristes y extrañas como los oscuros crepúsculos del verano,
Las primeras voces de las aves cantaron

Sobre los oídos muertos, junto a los muertos ojos

Que contemplan la mañana trepando sobre la ventana;

Tan tristes, tan frescos, como los días que ya no serán.


Amados como el recuerdo de los besos tras la muerte,
Y dulces como la indiferente fantasía fingida

Sobre aquellos labios que serán de otro;

Profundas como el Amor,

Profundas como el primer Amor,

Salvajes huellas de un pálido remordimiento.

Oh, amarga Muerte en Vida, ellas son el lamento

Por los días que ya nunca serán.

Why do you let me stay here?


Como decía P.Roberto J. en Hipersónica, "¡Ah, las estrellas de escena y la música! Son como las modelos: éstas se pasan toda la vida diciendo que están estudiando para ser actrices y, cuando por fin consiguen el papel que tanto deseaban, acabando fracasando y volviéndose con el rabo entre las piernas a sus pasarelas, sus books, sus sesiones de fotos y su estrellato ganado a base de cuerpo y cara. Las estrellas de cine prueban suerte cantando y unos pocos la tienen y una inmensa mayoría, no."

La última que lo intenta es Zooey Deschanel. A Deschanel la conoceréis por películas como Casi Famosos o Guía del autoestopista galáctico y por series como Weeds. Es actriz y canta, pero olviden a las petardas de Leonor Watling y Scarlett Johansson, ese par de peluqueras. Zooey se llama Zooey por la genial novelita de Salinger, aunque no consta si la ha leído o no.

Dentro de lo que cabe, ella ha tenido suerte, porque a su lado, poniéndole música a sus sueños de ser una estrella del pop, está M. Ward, uno de los músicos con más talento dentro de la Americana. Juntos forman She & Him.

Su primer single, "Why Do You Let Me Stay Here?", es una deliciosa muestra de que Ward y Deschanel pueden ser otra excepción a la regla. Música de hace muchos años desde una perspectiva totalmente moderna y, sobre todo, con mucha gracia. Suena a puro sixties: voces soul y guitarras folkies, ecos de Van Morrison a Sandie Shaw, y versiones de Smokey Robinson y los Beatles. Con unos agudos al borde de lo imposible, Deschanel engarza piruetas vocales en maravillosas melodías que pasan del puro pop –This Is Not A Test– al country sin despeinarle el moño. Atención a las dos maravillosas versiones: You Really Got a Hold on Me, de Smokey Robinson, y I Should Have Known Better, de The Beatles.

Señalaba Quico Alsedo en su Rock and Blog: “Canciones redondas, estribilleras pero sin chicle, soleadas a veces, crepusculares otras. Casi todas frescas aunque hablemos de una jugada revivalística con todas las letras. El disco, viva la imaginación, se llama “Volume 1”.

She & Him, en resumen, son una manera encantadora de empezar el día con una sonrisa.

Las Ideas Puras

Entre los lectores están los que siempre quieren leer lo mismo (sea una novela histórica de un solo patrón, sea una obra invariablemente experimental) y los que de cada libro esperan una sorpresa, una renovación. El primer grupo lo tiene relativamente fácil, y el segundo, cual un depresivo maníaco, pasa de momentos hiperactivos, saltando de un libro al otro, a períodos de tedio sostenido durante los cuales no encuentra nada nuevo a su antojo. Empieza a leer, hojea, pero una vez comprendido el juego, la estrategia o la intención, abandona la lectura, incluso cuando se trata de una obra medianamente buena, de cierta enjundia y de un autor de renombre. Precisamente, lo que le interesa no es el juego (aunque esté bien construido y la temática sea interesante), sino una experiencia diferente y esencial, aquella que no se puede prever desde las primeras páginas. El primer grupo espera cumplir sus expectativas, el segundo sueña con superarlas y desea encontrar una inteligencia superior o, al menos, distinta a la suya.

El primer tipo de lector jamás va a llegar a las obras de Pablo d'Ors, y el segundo encuentra en sus libros una auténtica revelación. Porque desde la irrupción del apátrida Roberto Bolaño hace algunos años, no ha habido mayor novedad en la narrativa española, ni un planteamiento literario más original. No se imaginen ustedes ninguna meritoria pero fatigosa experimentación, ni mucho menos una literatura programáticamente ilegible. La prosa de Pablo d'Ors es ágil y divertida, emplea una estructura más bien lineal, tiene muchas historias que contar y sus personajes, a menudo escritores y pensadores conocidos, son tan extraños como fascinantes. Pero ¿qué es, entonces tan novedoso y diferente en este autor, además de que con treinta y siete años ha publicado sus dos primeras obras, de las cuales el volumen de cuentos "El estreno" se convirtió en un libro de referencia, y la novela Las ideas puras ha quedado finalista en el último Premio Herralde?

La radical novedad que aporta Pablo d'Ors está en la riqueza de sus ideas, en la originalidad de sus historias y en su diferente manera de mirar y, por tanto, narrar. ¿Tiene que ver esto con que sea el nieto de Eugenio d'Ors, el incómodo e ignorado Xènius; que se haya doctorado en Teología en Roma, cursado filosofía en Viena, literatura checa en Praga y vivido en Nueva York; que comparta el trabajo de profesor universitario con el de capellán en la Autónoma de Madrid; que haya escrito su tesis doctoral sobre la teología de la experiencia literaria?

Neurótico perdido es el protagonista de la novela "Las ideas puras", una de las obras más insólitas de la narrativa española jamás escrita, aun cuando temáticamente se puede emparentar, y ya lo ha hecho la crítica, con "Lolita "de Nabokov y "La bien plantada" de Eugenio d'Ors. Ciertamente, la obra narra la obsesión de un hombre maduro por una lolita. Pero con una variante muy singular. Dicho hombre es profesor de filosofía en una escuela secundaria; se trata de una persona que tenía excepcionales posibilidades profesionales en su juventud, pero renunció a su carrera, aunque no a la ambición intelectual. Vive escindido e impostado entre las personalidades de Platón (que es como le llaman sus alumnos) y de Wittgenstein (su filósofo preferido) y también a sus alumnos les da nombres de filósofos. Por lo demás, tiene casi cincuenta años, frente a los dieciseis de su bienamada y sus conocimientos carnales apenas superan a los de su lolita. Siempre ha vivido en y para el mundo de las ideas purísimas y, hélo aquí, con todas sus almas y cuerpos (como Platón, Wittgenstein y profesor de filosofía) está locamente enamorado de una lindísima mocosa.

La fórmula es parecida a la de los cuentos publicados anteriormente por el escritor, por tanto, tenemos una gran y loca historia de amor, una brillante parodia de actitudes intelectuales y una irónica relectura de la historia de las ideas. Toda esta mezcla da un libro extraño, excesivo, inteligente y apasionado. Una fantasía en que el autor no se molesta ni por un momento en dar apariencias de realismo. La acción se desarrolla en una Alemania inventada que no tiene mayor papel en la obra y en un instituto que sólo importa como referencia amorosa y filosófica (por el nombre de los alumnos). Se trata de una fábula que viene a ilustrar, desde una óptica posmoderna, la eterna lucha entre praxis y teoría, vida y obra, cuerpo y espíritu.

La desesperada contienda del neurótico y lucidísimo protagonista entre este conflicto y sus múltiples personalidades tiene tintes realmente cómicos. Supremo ejemplo ofrece la escena en que la caprichosa lolita le exige al maestro babeante despotricar contra sus amados filósofos y el buen hombre tiene que violar sus principios, negar su credo, hacer un esfuerzo descomunal para pronunciar estos insultos que, para horror suyo, le salen cada vez más fluidos y placenteros. La malicia que ya era característica de los relatos resulta aquí directamente festiva. Se percibe un auténtico goce en sacar lo grotesco de las situaciones ­en descubrir el Mal, sería tal vez más adecuado decir­ que recuerda a autores como Bruno Schulz o Virgilio Piñera.

Es posible que no sea siempre seguir la desbordada fantasía, la pirotécnica intelectual y la inagotable capacidad dialéctica del protagonista que, como un niño glotón, absorbe ideas e identidades, y se ríe de ellas como si de un chiste se tratara. El premio es un libroimpresionatemente rico en ideas y registros, que constituye una especie de tratado pornográfico de las ideas, una poética teología del deseo. Realmente una revelación.

martes, 26 de agosto de 2008

PUNTOS Y APARTES

He vuelto de Irlanda, precioso lugar bañado de verdes y grises, de violines y gaitas que dulcifican las tardes color de piedra. Se me ha pegado la múrria al cuerpo y la morriña al alma.

Llegué triste al aeropuerto y hoy me lloran hasta las uñas cuando me rasco la piel para arrancarme el precio de ser como soy. Me duelen los huesos y las pupilas, me duele el cuello, el vientre vacío, el corazón que no sabe por qué todo termina y empieza mil veces.

Me canso de los comienzos y me aterran los finales, aunque mi vida está llena de fines y de principios. No se por qué todo termina: los viajes, el amor, un buen libro, la vida… 

viernes, 8 de agosto de 2008

The Hush Sound



The Hush Sound, cuarteto de Chicago, Illinois, formado entre finales del año 2004 y principios de 2005, por Greta Salpeter y Bob Morris, una extraña pareja musical, ya que él venía de tocar rock mientras que ella era una pianista de música clásica. Posteriormente se les unirían Chris Faller y Darren Wilson, con lo que tendríamos la formación al completo.

Mezclas de pop, sonidos alegres y guitarras de las buenas hacen que el sucesor de Like Vines, su segundo cd (2006), Goodbye Blues (2008), haya pasado directamente desde el cd hacia mi iPod. Debo destacar que una de las grandes gracias de esta banda es que cuenta con dos vocalistas, Bob Harris por un lado, con una voz bastante agradable y que le pone un toque algo agresivo a sus canciones y por otro lado tenemos a Greta Salpeter, con una voz dulce que te hipnotiza en cada canción que ella canta.

El disco Goodbye Blues está plagado de hits, uno tras otro no paran de sonar. Es como una pequeña maquinita de sensaciones dulces, que no te suelta ni un segundo. De hecho, cuando escuché este disco por primera vez me sorprendí, era increíble la atmósfera que crean las canciones. El disco, como dije antes, mezcla sonidos muy pop, estribillos muy pegadizos y sobre todo, esas guitarras que a mí me gustan tanto. La gracia de The Hush Sound radica en que, al mezclar dos vocalistas, hace que el disco no se vuelva monótono, cada vocalista sabe ponerle lo suyo a la canción que interpreta. Por otro lado, las canciones están puestas en un orden muy acertado, así que por favor, escuchadlo en el orden establecido.

Este disco es como un pequeño encantamiento, lleno de emociones que a la vez se mezclan con sonidos rockeros. Basta escuchar la canción As You Cry para darse cuenta de lo que intento decir. Si bien entre mis favoritas están las canciones que canta Greta, no puedo dejar de rendir también pleitesía a las canciones que canta Bob, un acierto por donde se le mire esto de poseer dos vocalistas. El disco cuenta con 13 tracks (11 canciones per se, 1 intro y una instrumental) que, sinceramente, se pasan volando. Es un viaje, con sonidos de pianos, guitarras, voces agradables, arreglos bien hechos y coros muy preparados.

Hay gente que los compara con Panic at the disco y creo que no se equivocan del todo, siento un cierto parecido en los pianos, pero The Hush Sound es otra cosa, mucho mejor hecha, mucho mejor llevada. Mucho más ameno, mucho menos plástico.

Disco lleno de emociones, derroche de talento y hits al por mayor es lo que vais a encontrar si escuchais este buenísimo tercer disco de The Hush Sound. Mis canciones favoritas son Honey, Medicine Man, Molasses, As You Cry, Hospital Bed Crawl y en general todo el disco. The Hush Sound consigue que sus canciones tengan un cierto aire atemporal: podría haberlas escuchado hace seis años, y dentro de los próximos seis, sin quedar en modo alguno obsoletas.


Pop inteligente para personas inteligentes. ¿No suena maravillosamente pretencioso?

jueves, 7 de agosto de 2008

Emilie Simon

Podéis ver unos clips de Emilie Simon en la barra lateral de video...

American Gods




La premisa de la que parte AMERICAN GODS es simple. Las sucesivas olas inmigratorias que llegaron a lo largo de los siglos a los Estados Unidos, llevaron consigo también a sus dioses, seguros en las mentes y en los corazones de esclavos africanos, colonos irlandeses y conquistadores vikingos. Los dioses prosperaron por algún tiempo, pero inevitablemente fueron olvidados, a medida que sus seguidores fueron decreciendo, y su fe diluyendo. En el siglo XXI, apenas algunos de estos son recordados, y viven relegados a a adaptarse a la American Way of Life. Pero se avecina una tormenta: los nuevos dioses, los dioses de la TV, la tecnología, Internet, los medios masivos de comunicación, se están preparando para la confrontación final por el poder sobre los fieles.

Si todo esto suena como a un argumento de comic, no es casualidad. El libro se lee como un capítulo de 600 páginas de la mejor Doom Patrol. Considerando cómo Neil Gaiman revolucionó y revivió el género de comics para adultos con su ya clásico Sandman, esto no es novedad.

A pesar de problemas del argumento, como por ejemplo la inexplicable ausencia de Yaveh o Alá, es innegable que Gaiman sabe escribir. Los diálogos son muy buenos, hay personajes muy cuidados y, en cuanto a capacidad técnica, el libro deja buen sabor de boca. Intercalados en la trama hay una serie de interludios, dedicados en su mayoría a mostrar cómo los viejos dioses llegaron a América. Dichos interludios pueden leerse como pequeños cuentos independientes, ya que no tienen nada que ver con la trama principal, y son lo mejor de la novela sin discusión. En particular el relato del comercial árabe y el djinn en Nueva York. Delicioso.

El esquema de la novela, aparte de ser una clásica novela fantástica, es un viaje a la vez de conocimiento interior, cuyas etapas consisten en episodios en los cuales se gana algo y, a veces, se pierde algo. El que sea una novela basada en una fórmula, incluso una fórmula ya ensayada, no quiere decir que sea mala; al contrario: los grandes escritores son los que consiguen una fórmula que funcione y que, a su vez, sea lo menos evidente posible. Gaiman parece haberla encontrado: incluso Good Omens, aunque en clave mucho más jocosa, viene a seguir el mismo esquema. Y, por supuesto, Sandman.

Muchos de los personajes de Sandman nos los volvemos a encontrar aquí: Bastet, por ejemplo, el panteón nórdico al completo... incluso el propio planteamiento de la novela, la idea de los dioses olvidados por los mortales, a los que necesitan para seguir viviendo, me suena de un Sandman o quizás de un Hellblazer. Pero la novela entretiene y divierte; está bien hilada, se va construyendo poco a poco el clímax, y, de forma inevitable, tiene unos cuantos deus en sus respectivas machinas (que, por cierto, es un término náutico que usaban con cierta asiduidad en "Gran Sol"), pero cuelan perfectamente en la trama; lo contrario sería lo extraño.

American Gods es un libro que termina atrapando a todo aquel a quien se lo dejo, y eso es un gran mérito. Obviamente ayuda si eres persona de mente abierta que reconoce un buen texto sin necesidad de que haya sido escrito por un Premio Nobel. Se trata de una lectura muy entretenida, por la premisa primero, y luego por el estilo narrativo, rápido y directo, que de pronto y sin pausa, se convierte en algo poético, detallista, gracioso y muy oscuro. Gaiman suelta perlas “anti-sociedad consumista” de una manera magistral, haciéndole decir a grandes deidades cosas como “Este país -por los EE.UU.- no nos quiere, nunca hubo lugar para nosotros”, o bien que “en esta época no hay tiempo para Dioses”.

Hubo una chica que una vez me dijo que nunca leería un cómic. Le pasé unas historias de Sandman y cayó extasiada. Supongo que debería dejarle American Gods para que vuelva a caer en el mismo embrujo, puesto que también me dijo que ella no leía Fantasía ni Ciencia Ficción... Y eso que no conoce la existencia de Neverwhere...

"Tienes que entender todo el rollo de los dioses. no es cuestión de magia. Es cuestión de ser tú mismo, pero el tú en que cree la gente. Se trata de ser la esencia concentrada y ampliada de ti mismo. Tienes que convertirte en trueno o en la fuerza del caballo o en sabiduría. Te adueñas de toda la fe y te haces más grande, más guay, más allá de lo humano. Te cristalizas -Hizo otra pausa-. Y entonces un día se olvidan de tí, ya no creen en tí nunca más, no se sacrifican y no les importa. Te ves haciendo juegos de cartas en la esquina de Broadway con la Cuarenta y Tres."